domingo, 8 de mayo de 2011

Escuela de Traductores de Toledo

La Escuela de traductores de Toledo es una de las instituciones que aún perduran en esta bella ciudad.
Cuando todo estaba sumido en la vorágine de la ciencia y la filosofía y, en Damasco, se podían leer los más prestigiosos tratados, los árabes llegaron a esta tierra y con ellos, estos textos.
Toledo fue la primera gran ciudad musulmana conquistada por los cristianos. Como en otras capitales de Al-Andalus, existían en ella bibliotecas y sabios conocedores de la cultura que los árabes habían traído del Oriente y de la que ellos mismos habían hecho florecer en la Península Ibérica. Con la presencia en Toledo de una importante comunidad de doctos hebreos y la llegada de intelectuales cristianos europeos, acogidos por el cabildo de su catedral, se genera la atmósfera propicia para que Toledo se convierta en la mediadora cultural entre el Oriente y el Occidente de la época, también era una ciudad  imprescindible para los musulmanes.

En 1085, el Rey Alfonso VI reconquistó la ciudad y empezó un movimiento cultural. Alfonso era muy tolerante con los musulmanes y judíos, y por eso, las tres religiones podían vivir relativamente en paz en Toledo. Alfonso tenía un arzobispo en Toledo, se llamaba Arzobispo D. Raimundo. Él fue muy importante en la creación de la Escuela de Traductores, porque sabía la importancia de traducir las obras griegas, que los árabes tenían, a latín y castellano. Él fundó la Escuela de Traductores porque quería traer las obras perdidas de los griegos y el este al resto de Europa.
Scriptorium

Durante el siglo XII, la Escuela de Traductores en Toledo empezaba a crecer. La Escuela de Traductores de Toledo tuvo dos periodos separados por una fase de transición. El primero fue el del arzobispo don Raimundo que, en el siglo XII, impulsó la traducción de obras de filosofía y religión del árabe al latín. Gracias a su labor, en las universidades europeas comenzó a conocerse el aristotelismo neoplatónico.

Se tradujeron libros de Aristóteles comentados por filósofos árabes como Avicena y Alfarabí, de autores hispano- judíos como Ibn Gabirol, y también se tradujeron el Corán y los Salmos del Antiguo Testamento. Por otra parte, en esta fase se empieza a recibir la ciencia oriental en Europa, a través de las traducciones de obras que sirvieron de manuales para los universitarios hasta el siglo XVI: el Canon de Avicena y el Arte de Galeno.
Canon de Avicena (Ibn Sina)

La astrología, astronomía, y la aritmética se enriquecen igualmente al ser vertidas al latín las obras de Al-Razi, Ptolomeo o Al- Juwarizmi. Muchos traductores musulmanes, judíos, y cristianos traducían obras en árabes a latín clásico, y después a castellano y lenguas románicas. Arzobispo Raimundo tenía dos traductores muy famosos; Domingo González y Juan Hispalense. Hispalense traducía las obras de árabe a español, y González escribía los textos en latín (Ihrie). Con un sistema como ese, los traductores de la escuela  podían traducir muchos textos perdidos. El mundo medieval empezaba a recibir textos de filosofía y religión. Las obras de Platón, Aristóteles, Hipócrates y otros griegos estaban disponibles para los europeos por  primera vez desde la caída del imperio Romano.

En Europa y por influencia romana se hablaban dos idiomas: el Latín y el Latín vulgar. El primero era el idioma serio y elegante que servía para discutir temas de interés y escribir todo lo que alguien quisiera plasmar en papel: leyes, historia, literatura. El segundo era el que el pueblo utilizaba. El latín vulgar fue transformándose en sus diferentes destinos, mezclándose con los dialectos regionales, adquiriendo resonancias y ecos propios. Así en el siglo XI se escuchaban en esta región del mundo: el mozárabe, un incipiente castellano, gallego, leonés, navarro-aragonés y el catalán; pero todas estas lenguas seguían siendo idiomas vulgares (del vulgo), hablados y sin gramática y ortografía bien definidas. Más aún, todos el material escrito seguía escribiéndose en Latín.

Entonces llegó un hombre a Castilla, Alfonso X, y estableció que los pueblos “...no emplearán ya la lengua latina como medio de expresión de sus escritos filosóficos, astronómicos, históricos o jurídicos, sino las hablas vulgares que se han desarrollado en sus países respectivos: los romances catalán y castellano, aptos ya para expresar todos los matices del pensamiento”. 

Alfonso X dictando textos

Libro de las Siete Partidas de Alfonso X

Durante el reino del Rey Alfonso X en el siglo XIII, la Escuela empezó a traducir obras de matemáticas, astrología, alquimia y otras ciencias. Las obras de Azarquiel, Ptolomeo y más eran traducidas al castellano . La Escuela de Traductores recibía mucha atención porque era un centro de aprendizaje. Era el único lugar en Europa donde los judíos, cristianos y musulmanes trabajaban relativamente en paz para ampliar los conocimientos de Europa. Muchos eruditos y traductores venían a Toledo para traducir y aprender la información que la Escuela tenía, y las obras traducidas regresaba a todos partes de Europa cuando los eruditos salieron de Toledo.
Alfonso X recibiendo a los musulmanes


Los métodos de traducción evolucionaron con el tiempo. En un primer momento, un judío o cristiano conocedor del árabe traducía la obra original al romance oralmente ante un experto conocedor del latín que, a continuación, iba redactando en esta lengua lo que escuchaba. Más tarde, en la época de Álfonso X, los libros fueron traducidos por un único traductor conocedor de varias lenguas, cuyo trabajo era revisado al final por un emendador.


También, la Escuela de Traductores es importante porque demuestra que las tres religiones monoteísticas podían vivir en paz, y trabajar juntos para lograr una meta común.  Los cristianos y los musulmanes lucharan durante ochocientos años, pero en el ejemplo de la Escuela de Traductores, la influencia e importancia de las traducciones era mayor que sus diferencias.
Hoy en día, la Escuela de Traductores de Toledo se sitúa en el Palacio del Rey Don Pedro y pertenece  a la Universidad de Castilla- La Mancha.

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